Me entero por el Inmundo de que una de las canciones del nuevo disco de la escultura/reina de Francia/cantante Carla Bruni tiene por letra un poema de Michel Houllebecq titulado como su última novela, La posibilidad de una isla.
Difícil concebir una persona menos capacitada que la italiana para comprender los planteamientos del autor galo. Bella hasta parecer artificial, rica desde el día en que nació, ex-modelo, ex–promiscua, amante de estrellas de diversos campos, de ideas progres encima…la vida la ha mantenido siempre alejada de las crudas realidades que Houllebeqc desvela en sus libros. No me la imagino leyendolos.
Quisiera saber de quien habrá salido la idea de utilizar el poema. ¿Conocera al escritor? No es imposible, es una de las personas más famosas de Francia. De ser así, ¿le propondría él usar sus versos?, y lo que es más importante, ¿Cuántas veces se masturbo Michell después de conocerla?
lunes, 23 de junio de 2008
domingo, 22 de junio de 2008
Yo no soy demócrata
Se han hecho ingentes esfuerzos por convencernos de que la democracia social-liberal es el mejor de los gobiernos posibles, o como se suele decir, atribuyéndoselo a Winston Churchill, la forma de gobierno menos mala.
No puede existir duda de que estas democracias han sido mejores que los demás sistemas que se han implantado hasta ahora, empezando por el liberalismo más o menos autoritario, siguiendo por las dictaduras comunistas de corte soviético y por supuesto que los estados fascistas-racistas.
Durante bastante tiempo pensaba en la posibilidad de un socialismo democrático. Un día tengo que hablar de ello, ahora que se cumplen cuarenta años de la Primavera de Praga, ciudad que visitaré en breve. Ahora, después de años de reflexión ya no soy socialista, y tampoco soy demócrata. Ambas corrientes de pensamiento las he abandonado al constatar de forma empírica como es la masa del pueblo en realidad.
Hace un siglo se creía que la instrucción general podría redimir la oscuridad de los desfavorecidos hasta límites insospechados. La experiencia ha demostrado que esa premisa era falsa: no todos los que están abajo en la escala social han llegado allí por puro azar. Se puede enseñar a casi toda la población a leer y escribir, las cuatro reglas y a conocer la geografía de su país; pero no se puede lograr que una mayoría sea inteligente o culta. El estado natural de la humanidad parece ser la estupidez y para reducirla hay que librar arduas batallas. En este país con su pésima educación, la situación es dramática respecto a la mayor parte de Occidente.
No podemos permitir (Nosotros) que millones de cretinos tengan influencia sobre la economía, las leyes, la guerra o la paz. El sufragio universal es un error comprensible, pero un error.
No estoy abogando por el puño de hierro, ni tampoco por el gobierno de los filósofos, sino simplemente por ser selectivos, sin exagerar. a la hora de permitir a los ciudadanos participar en política.
Establezcamos una democracia censitaria, basada no en el dinero ni en la sangre, sino en la inteligencia demostrable. Hablo de tests para acceder a un carnet de votante, basados en conocimientos básicos y tan neutrales como sea posible de historia, política, economía y geografía. Un saber mínimo que en realidad apelaría más al esfuerzo y al interés que al intelecto. Y para la capa amplia de ciudadanos capaces la máxima capacidad de decisión, referendos a tutiplén facilitados por las nuevas tecnologías.
El gran Aristóteles ya marco el camino. Politeia frente a Demagogia.
No puede existir duda de que estas democracias han sido mejores que los demás sistemas que se han implantado hasta ahora, empezando por el liberalismo más o menos autoritario, siguiendo por las dictaduras comunistas de corte soviético y por supuesto que los estados fascistas-racistas.
Durante bastante tiempo pensaba en la posibilidad de un socialismo democrático. Un día tengo que hablar de ello, ahora que se cumplen cuarenta años de la Primavera de Praga, ciudad que visitaré en breve. Ahora, después de años de reflexión ya no soy socialista, y tampoco soy demócrata. Ambas corrientes de pensamiento las he abandonado al constatar de forma empírica como es la masa del pueblo en realidad.
Hace un siglo se creía que la instrucción general podría redimir la oscuridad de los desfavorecidos hasta límites insospechados. La experiencia ha demostrado que esa premisa era falsa: no todos los que están abajo en la escala social han llegado allí por puro azar. Se puede enseñar a casi toda la población a leer y escribir, las cuatro reglas y a conocer la geografía de su país; pero no se puede lograr que una mayoría sea inteligente o culta. El estado natural de la humanidad parece ser la estupidez y para reducirla hay que librar arduas batallas. En este país con su pésima educación, la situación es dramática respecto a la mayor parte de Occidente.
No podemos permitir (Nosotros) que millones de cretinos tengan influencia sobre la economía, las leyes, la guerra o la paz. El sufragio universal es un error comprensible, pero un error.
No estoy abogando por el puño de hierro, ni tampoco por el gobierno de los filósofos, sino simplemente por ser selectivos, sin exagerar. a la hora de permitir a los ciudadanos participar en política.
Establezcamos una democracia censitaria, basada no en el dinero ni en la sangre, sino en la inteligencia demostrable. Hablo de tests para acceder a un carnet de votante, basados en conocimientos básicos y tan neutrales como sea posible de historia, política, economía y geografía. Un saber mínimo que en realidad apelaría más al esfuerzo y al interés que al intelecto. Y para la capa amplia de ciudadanos capaces la máxima capacidad de decisión, referendos a tutiplén facilitados por las nuevas tecnologías.
El gran Aristóteles ya marco el camino. Politeia frente a Demagogia.
martes, 10 de junio de 2008
Todas Putas
No es que esté realmente de acuerdo con esta castiza afirmación, dogma de fé para gran parte de la población masculina nacional, pero me ha sorprendido cuanto me he acercado a ello con el paso del tiempo en lugar de alejarme.
Cuando aún no conocía a las mujeres, hará unos ocho o nueve años, yo era profundamente feminista. Racionalmente era consciente de cómo la mujer había sido tratada como un ser inferior siglo tras siglo por el género masculino. Eran víctimas. Más que eso, las mujeres eran para mí la reserva de ternura de la humanidad frente a la brutalidad innata de los hombres. Hoy sigo creyendo que las mujeres han sido oprimidas por los hombres. Pero como demuestra la historia, ser o haber sido víctima no imposibilita a nadie para ser verdugo.
Durante un tiempo califiqué mi nueva percepción hacia las mujeres como misoginia, luego conocí el verdadero significado de ese término y me di cuento de que lo que yo pensaba se definía mejor como machismo, aunque también hay elementos misóginos. Yo odiaba a muerte el machismo. Con catorce o quince años me indignaba con los gañanes quinquilleros (redundancia) que veía en programas tipo El Diario de Patricia.
Objetivamente las mujeres son tan inteligentes como los hombres. Son capaces de realizar las tareas más complicadas, cosa que he comprobado personalmente, y hay mujeres cuyo genio admiro, por poner un ejemplo, Margarite Yourcenar, con su magnífica Memorias de Adriano. Es en el plano personal, ampliamente entendido, donde creo que fallan.
Por la razón que sea su comportamiento en las relaciones sentimentales es eternamente infantil. Un hombre siempre sabe si una mujer le gusta o no, si le atrae o no, si la ama o no. Las mujeres mandan señales, señales que por cierto siempre hay que adivinar, y si no lo haces eres un lento y un torpe, para luego muchas veces arrepentirse, sin darse cuenta del daño que hacen cuando dejan las cosas a medias. No hablo solo del plano sexual, aunque el calientapollismo debería estar castigado con cárcel. En las relaciones estables suelen volverse muy posesivas, o sentirse infelices por no ser complacidas del todo. El miembro masculino de la pareja queda indefenso ante sus dos métodos de chantaje, el recurso al lloro y la privación de sexo.
Están vacías. Cuando hablo con una mujer jamás encuentro inquietudes que podamos compartir, las conversaciones giran en torno a tres o cuatro temas frívolos. De lo más serio que llegan a hablar es de su trabajo o de sus estudios. Me siento forzado, muchas veces me quedo callado sin saber que decir porque los temas ya me parecen resobaos. Eso también me pasa mucho con los hombres, pero al menos no con todos los hombres. Las pocas veces que una mujer ha entrado en algo elevado la decepción ha sido de campeonato. Siempre ha acabado en una muy peculiar interpretación del asunto, que de forma inexplicable ha acabado relacionado con su objeto de reflexión favorito: YO
Yo, yo y mis amigas, mi hermana y yo, yo, mi padre y yo, mi abuelo y yo...
Esto nos lleva a un concepto de moda, el llamado pagafantas. Dícese del ser bombardeado por neuras de la mujer que corresponde tanta paciencia tratándolo como un ser asexuado. Claro, que lo que no se dice es que si llevamos esta figura hasta sus últimas consecuencias, la conclusión es que la presencia de las mujeres no es deseable si no conlleva una recompensa sexual. Tristemente no puedo dejar de estar de acuerdo.
Se suele argumentar que los hombres solo se fijan en el físico. Cierto, solo que las mujeres también lo hacen, son mucho más exigentes, y encima buscan coartadas para explicar su atracción. Quizá sea culpa de las películas de Disney, donde le mismo tiempo que la princesa y el príncipe eran invariablemente guapos se decía verbalmente que la belleza esta en el interior. El desprecio fascistoide que muestran hacia los que son físicamente inferiores es patente, aunque en esto hay que reconocer que los hombres no van a la zaga.
Ya es un tópico la preferencia de las mujeres por chulos, macarras y demás unterschemen.
Es una exageración, pero por termino medio observamos que es más exitoso el lumpen que el estudiante de informática gafudo y buenazo (¿por qué será que asociamos “inocencia” con falta de agresividad sexual?) a menos que este último salga ganando en la comparación física. Curiosamente quieren a los “chicos malos”, para cambiarlos, fijate tú. Aunque si de vez en cuando se meten en una pelea por ellas, tampoco se quejan. En resumen: en general funciona mejor la agresividad y los malos modos que la amabilidad con las mujeres.
También es cierto, aunque sea otro tópico (que como todos los tópicos tiene una parte de verdad), que las mujeres son inigualables haciéndose daño entre ellas, solo que en daño psicológico y no físico (normalmente). Entre otras cosas, acusándose mutuamente de putas. Evitar este estigma es fundamental para ellas, les va la vida. El sexo sigue siendo algo malo por ellas, a pesar de la muy pretendida liberación. Hay que seguir engañándolas para que lo practiquen, la diferencia con el pasado, es que ahora es más fácil que antaño. Para hacerlo, sobre todo la primera vez en una relación, tienen que entrar en un estado ridículo de sobrexcitación provocado por una situación pretendidamente romántica, o ser presas de nuestro aliado el alcohol, o rendirse ante una belleza física superior. Caídas las barreras de la hipocresía es difícil no sentir un poco de asco ante la puta que emerge, cuando aún se recuerdan las exhibiciones previas de mojigatería. Con dificultad la función de la belleza puede ser sustituida por otro atributo, pero tiene que ser bastante sobresaliente o nanay.
Resentido, me dirás señalándome con el dedo. No lo niego. También los judíos le guardan resentimiento a Adolf Hitler.
Sí, como indica el título de este blog, han sido las novelas de Michel Houllebecq las que me han ayudado a concretar estas ideas, pero debo decir que cuando las leía simplemente tenía la impresión de reencontrarme con cosas que pensaba desde hacía tiempo pero que no había sabido verbalizar. Por eso me gustan tanto.
Claro que si todas son unas putas, todos somos unos hijos de puta, pero esa es otra historia...
Cuando aún no conocía a las mujeres, hará unos ocho o nueve años, yo era profundamente feminista. Racionalmente era consciente de cómo la mujer había sido tratada como un ser inferior siglo tras siglo por el género masculino. Eran víctimas. Más que eso, las mujeres eran para mí la reserva de ternura de la humanidad frente a la brutalidad innata de los hombres. Hoy sigo creyendo que las mujeres han sido oprimidas por los hombres. Pero como demuestra la historia, ser o haber sido víctima no imposibilita a nadie para ser verdugo.
Durante un tiempo califiqué mi nueva percepción hacia las mujeres como misoginia, luego conocí el verdadero significado de ese término y me di cuento de que lo que yo pensaba se definía mejor como machismo, aunque también hay elementos misóginos. Yo odiaba a muerte el machismo. Con catorce o quince años me indignaba con los gañanes quinquilleros (redundancia) que veía en programas tipo El Diario de Patricia.
Objetivamente las mujeres son tan inteligentes como los hombres. Son capaces de realizar las tareas más complicadas, cosa que he comprobado personalmente, y hay mujeres cuyo genio admiro, por poner un ejemplo, Margarite Yourcenar, con su magnífica Memorias de Adriano. Es en el plano personal, ampliamente entendido, donde creo que fallan.
Por la razón que sea su comportamiento en las relaciones sentimentales es eternamente infantil. Un hombre siempre sabe si una mujer le gusta o no, si le atrae o no, si la ama o no. Las mujeres mandan señales, señales que por cierto siempre hay que adivinar, y si no lo haces eres un lento y un torpe, para luego muchas veces arrepentirse, sin darse cuenta del daño que hacen cuando dejan las cosas a medias. No hablo solo del plano sexual, aunque el calientapollismo debería estar castigado con cárcel. En las relaciones estables suelen volverse muy posesivas, o sentirse infelices por no ser complacidas del todo. El miembro masculino de la pareja queda indefenso ante sus dos métodos de chantaje, el recurso al lloro y la privación de sexo.
Están vacías. Cuando hablo con una mujer jamás encuentro inquietudes que podamos compartir, las conversaciones giran en torno a tres o cuatro temas frívolos. De lo más serio que llegan a hablar es de su trabajo o de sus estudios. Me siento forzado, muchas veces me quedo callado sin saber que decir porque los temas ya me parecen resobaos. Eso también me pasa mucho con los hombres, pero al menos no con todos los hombres. Las pocas veces que una mujer ha entrado en algo elevado la decepción ha sido de campeonato. Siempre ha acabado en una muy peculiar interpretación del asunto, que de forma inexplicable ha acabado relacionado con su objeto de reflexión favorito: YO
Yo, yo y mis amigas, mi hermana y yo, yo, mi padre y yo, mi abuelo y yo...
Esto nos lleva a un concepto de moda, el llamado pagafantas. Dícese del ser bombardeado por neuras de la mujer que corresponde tanta paciencia tratándolo como un ser asexuado. Claro, que lo que no se dice es que si llevamos esta figura hasta sus últimas consecuencias, la conclusión es que la presencia de las mujeres no es deseable si no conlleva una recompensa sexual. Tristemente no puedo dejar de estar de acuerdo.
Se suele argumentar que los hombres solo se fijan en el físico. Cierto, solo que las mujeres también lo hacen, son mucho más exigentes, y encima buscan coartadas para explicar su atracción. Quizá sea culpa de las películas de Disney, donde le mismo tiempo que la princesa y el príncipe eran invariablemente guapos se decía verbalmente que la belleza esta en el interior. El desprecio fascistoide que muestran hacia los que son físicamente inferiores es patente, aunque en esto hay que reconocer que los hombres no van a la zaga.
Ya es un tópico la preferencia de las mujeres por chulos, macarras y demás unterschemen.
Es una exageración, pero por termino medio observamos que es más exitoso el lumpen que el estudiante de informática gafudo y buenazo (¿por qué será que asociamos “inocencia” con falta de agresividad sexual?) a menos que este último salga ganando en la comparación física. Curiosamente quieren a los “chicos malos”, para cambiarlos, fijate tú. Aunque si de vez en cuando se meten en una pelea por ellas, tampoco se quejan. En resumen: en general funciona mejor la agresividad y los malos modos que la amabilidad con las mujeres.
También es cierto, aunque sea otro tópico (que como todos los tópicos tiene una parte de verdad), que las mujeres son inigualables haciéndose daño entre ellas, solo que en daño psicológico y no físico (normalmente). Entre otras cosas, acusándose mutuamente de putas. Evitar este estigma es fundamental para ellas, les va la vida. El sexo sigue siendo algo malo por ellas, a pesar de la muy pretendida liberación. Hay que seguir engañándolas para que lo practiquen, la diferencia con el pasado, es que ahora es más fácil que antaño. Para hacerlo, sobre todo la primera vez en una relación, tienen que entrar en un estado ridículo de sobrexcitación provocado por una situación pretendidamente romántica, o ser presas de nuestro aliado el alcohol, o rendirse ante una belleza física superior. Caídas las barreras de la hipocresía es difícil no sentir un poco de asco ante la puta que emerge, cuando aún se recuerdan las exhibiciones previas de mojigatería. Con dificultad la función de la belleza puede ser sustituida por otro atributo, pero tiene que ser bastante sobresaliente o nanay.
Resentido, me dirás señalándome con el dedo. No lo niego. También los judíos le guardan resentimiento a Adolf Hitler.
Sí, como indica el título de este blog, han sido las novelas de Michel Houllebecq las que me han ayudado a concretar estas ideas, pero debo decir que cuando las leía simplemente tenía la impresión de reencontrarme con cosas que pensaba desde hacía tiempo pero que no había sabido verbalizar. Por eso me gustan tanto.
Claro que si todas son unas putas, todos somos unos hijos de puta, pero esa es otra historia...
domingo, 18 de mayo de 2008
Que no nos engañaiiiis... que Aitor Zabaleta era un Jarraiiii... (II)
Otro factor de mi repulsión hacia el, babosamente llamado, deporte rey son los futbolistas, entendidos como seres humanos individuales.
La mayoría de deportistas profesionales despiertan cierta admiración en mí, incluso cuando no me interesa su disciplina. Es gente que se ha estado machacando a entrenamientos normalmente desde antes de cumplir diez años de edad, día tras día, mes tras mes, año tras año. La mayoría depende de subvenciones limitadas, y no pocos tienen que compaginar, con las dificultades que ello supone, la práctica intensiva de su deporte con sus estudios o su trabajo. Un grupo no muy extenso vive con cierta holgura de su pasión pero nada más.
Los futbolistas, al menos los de primera división son muy diferentes. Se encuentran dentro de la capa más privilegiada de la sociedad. Me parece difícil de justificar, aún cuando es verdad que el fútbol mueve mucho dinero, las millonadas que se embolsan por realizar una actividad que les encanta y que no proporciona ningún beneficio material a los consumidores. Eso no es culpa de los futbolistas, claro está. Si a mí me ofrecieran veinte millones de euros por escribir este blog los aceptaría sin dudarlo, es algo humano. Pero coincide; no sé si por azar, o quizá por una relación inversamente proporcional entre la habilidad con los pies y el tamaño del cerebro aún no descubierta por la ciencia; que los jugadores de fútbol no son capaces de llevar esta situación de privilegio con una mínima dignidad. Se dedican a vivir de las rentas de su talento innato, dándose a la buena vida y a exhibir su riqueza de forma hortera y ridícula... entrenar es muy duro cuando uno se ha pasado la noche de garito en garito, con las zorras de discoteca haciendo cola para follarte. O peor aún, habiéndola pasado, a base de putas, alcohol y/o rayas de coca.
Su presencia en los medios de comunicación es de vergüenza ajena. Oírles hablar escupiendo sofismos sobre dos o tres tópicos, siempre los mismos. Ver las pintas de pijos amariconados o de macarras rayando en lo chuloputesco que me llevan la mayor parte de ellos da mucha grima.
No dudo de que hay excepciones, pero eso son, por desgracia, excepciones.
La mayoría de deportistas profesionales despiertan cierta admiración en mí, incluso cuando no me interesa su disciplina. Es gente que se ha estado machacando a entrenamientos normalmente desde antes de cumplir diez años de edad, día tras día, mes tras mes, año tras año. La mayoría depende de subvenciones limitadas, y no pocos tienen que compaginar, con las dificultades que ello supone, la práctica intensiva de su deporte con sus estudios o su trabajo. Un grupo no muy extenso vive con cierta holgura de su pasión pero nada más.
Los futbolistas, al menos los de primera división son muy diferentes. Se encuentran dentro de la capa más privilegiada de la sociedad. Me parece difícil de justificar, aún cuando es verdad que el fútbol mueve mucho dinero, las millonadas que se embolsan por realizar una actividad que les encanta y que no proporciona ningún beneficio material a los consumidores. Eso no es culpa de los futbolistas, claro está. Si a mí me ofrecieran veinte millones de euros por escribir este blog los aceptaría sin dudarlo, es algo humano. Pero coincide; no sé si por azar, o quizá por una relación inversamente proporcional entre la habilidad con los pies y el tamaño del cerebro aún no descubierta por la ciencia; que los jugadores de fútbol no son capaces de llevar esta situación de privilegio con una mínima dignidad. Se dedican a vivir de las rentas de su talento innato, dándose a la buena vida y a exhibir su riqueza de forma hortera y ridícula... entrenar es muy duro cuando uno se ha pasado la noche de garito en garito, con las zorras de discoteca haciendo cola para follarte. O peor aún, habiéndola pasado, a base de putas, alcohol y/o rayas de coca.
Su presencia en los medios de comunicación es de vergüenza ajena. Oírles hablar escupiendo sofismos sobre dos o tres tópicos, siempre los mismos. Ver las pintas de pijos amariconados o de macarras rayando en lo chuloputesco que me llevan la mayor parte de ellos da mucha grima.
No dudo de que hay excepciones, pero eso son, por desgracia, excepciones.
lunes, 12 de mayo de 2008
Que no nos engañaiiiis... que Aitor Zabaleta era un jarraiiii... (I)
Esta simpática estrofa la cantaba hace unos meses un conocido mío, decentemente vestido y peinado, bailando en una discoteca hacia las cuatro de la mañana con diez o más cubatas encima. Es necesario aclarar que el alegre chavalote, militante del PP, jamás se definiría como fascista; a pesar de tener empapelada su habitación con material que en Alemania le costaría unas cuantas detenciones; y de dedicar de forma constante reflexiones poco amables hacia los negros, los moros y los izquierdosos.
Tarde o temprano tenía que escribirlo en este blog, y con el ambiente desatado por el fin próximo y ya decidido de la temporada es un buen momento: odio el fútbol. No soy objetivo ni pretendo serlo. Jamás me gusto. Soy un inválido para los deportes de equipo y no me agrada practicarlos, pero es que, además, el fútbol me parece tremendamente aburrido comparado con otras disciplinas. El baloncesto, por poner un ejemplo, al menos mantiene a todos los jugadores en constante tensión, y el resultado no esta nunca decidido hasta los últimos escasos minutos de partido. En el fútbol hay una lentísima sucesión de movimientos del balón, ocurriendo que si juegas atrás te puedes pasar mucho más tiempo mirando el esférico que jugando, y en cuanto un equipo supera en dos goles al contrario el encuentro esta casi sentenciado. Recuerdo con tristeza el momento en que mis amigos de muy pequeño abandonaron los juegos en los que era imprescindible la imaginación por esa pesadez. Puedo verme a mí mismo comiendo pipas acuclillado en una posición elevada, pensando en mis cosas mientras les observaba.
Si me parece poco emocionante jugar a este deporte, entenderéis que dedicarse a verlo sea para mí la madre de todos los tedios. La gente suele decirme que hay que saber apreciar el juego, ver las maravillas que hacen algunos jugadores, las filigranas como se suele decir. Que si mira que disparo, que menuda vaselina, que si que destreza al esquivar a los defensas. Son cosas que muy pocos seres humanos pueden hacer. Estoy de acuerdo, pero también hay gente, quizá solo una decena en todo el planeta, capaz de sujetar una pértiga sobre la barbilla, o de arrastrar un camión enganchándoselo con un yugo, e igualmente me importa una mierda; son habilidades que no son relevantes para la civilización, su lugar en todo caso está en el circo. Supongo que es algo innato en mí, puesto que a un tío mío que me llevo a ver un partido al estadio con cuatro o cinco años no hice mas que darle el coñazo, llegando incluso a tirarle un kas naranja encima al pobre.
Tarde o temprano tenía que escribirlo en este blog, y con el ambiente desatado por el fin próximo y ya decidido de la temporada es un buen momento: odio el fútbol. No soy objetivo ni pretendo serlo. Jamás me gusto. Soy un inválido para los deportes de equipo y no me agrada practicarlos, pero es que, además, el fútbol me parece tremendamente aburrido comparado con otras disciplinas. El baloncesto, por poner un ejemplo, al menos mantiene a todos los jugadores en constante tensión, y el resultado no esta nunca decidido hasta los últimos escasos minutos de partido. En el fútbol hay una lentísima sucesión de movimientos del balón, ocurriendo que si juegas atrás te puedes pasar mucho más tiempo mirando el esférico que jugando, y en cuanto un equipo supera en dos goles al contrario el encuentro esta casi sentenciado. Recuerdo con tristeza el momento en que mis amigos de muy pequeño abandonaron los juegos en los que era imprescindible la imaginación por esa pesadez. Puedo verme a mí mismo comiendo pipas acuclillado en una posición elevada, pensando en mis cosas mientras les observaba.
Si me parece poco emocionante jugar a este deporte, entenderéis que dedicarse a verlo sea para mí la madre de todos los tedios. La gente suele decirme que hay que saber apreciar el juego, ver las maravillas que hacen algunos jugadores, las filigranas como se suele decir. Que si mira que disparo, que menuda vaselina, que si que destreza al esquivar a los defensas. Son cosas que muy pocos seres humanos pueden hacer. Estoy de acuerdo, pero también hay gente, quizá solo una decena en todo el planeta, capaz de sujetar una pértiga sobre la barbilla, o de arrastrar un camión enganchándoselo con un yugo, e igualmente me importa una mierda; son habilidades que no son relevantes para la civilización, su lugar en todo caso está en el circo. Supongo que es algo innato en mí, puesto que a un tío mío que me llevo a ver un partido al estadio con cuatro o cinco años no hice mas que darle el coñazo, llegando incluso a tirarle un kas naranja encima al pobre.
miércoles, 30 de abril de 2008
Víctimas de la LOGSE
Deberíamos unirnos, fundar una organización de afectados, e ir a demandar al estado en los tribunales. Tendría que gastarse el superávit para indemnizarnos a todos. Lástima que no ocurrirá, dado que a la mayoría de víctimas les da igual. No exagero en absoluto: nos han privado de nuestro derecho constitucional a la educación, no negándonosla por completo, sino quizá peor, dándonos una educación degradada.
Por culpa de esos incompetentes cometo errores ridículos al escribir. Mi conocimiento de la sintaxis y de la ortografía es incompleto, o por lo menos vacilante. Mi léxico aunque superior a la media de la gente de mi edad es bastante pobre. Me cuesta horrores evitar las expresiones trilladas. Tengo dudas eternas a la hora de situar puntos y comas.
Sirva este post como anticipada disculpa por las burradas que podáis encontrar de aquí en adelante.
También voy muy retrasado en las lecturas que uno debe hacer antes de morir. Hasta los dieciocho no empecé a leer verdaderos grandes libros. No que se me mandase en el instituto, con cierto nivel, nada excepto la primer parte de El Quijote y Los Santos Inocentes. Este último al leerlo a los quince años no me gustó por “triste”, lógico cuando uno esta acostumbrado a la tapa roja de El Barco de Vapor y a Arturo Pérez Reverte. Se rumorea que en otras latitutudes hay gente, no unos pocos adictos a la literatura, sino bastante gente que a esas edades lee a Dickens o a Hemingway o a Orwell.
Prefiero concentrarme en mi daño individual, y no pensar en el perjuicio que se le esta infligiendo al país, por no ponerme trágico. Solo diré que conocido a estudiantes de periodismo que cometen faltas graves. Los profesores se quejan de tienen que muchos llegan a la facultad ignorando reglas que deberían conocer desde la ESO. Sé de algún examen universitario de lengua española en el que se ha rebajado el aprobado por no suspender a casi todo el mundo. Y muchísima gente de esta generación morirá sin haber leído literatura de verdad, a pesar de haber aprobado el bachillerato, e incluso siendo poseedores de un título universitario.
Y hoy solo me apetece quejarme de las deficiencias en lengua y literatura.
El hecho de que la educación franquista tuviera mayor excelencia que la actual es suficiente, por sí solo, para cuestionar la calidad de esta democracia. No hay libertad sin conocimiento.
Por culpa de esos incompetentes cometo errores ridículos al escribir. Mi conocimiento de la sintaxis y de la ortografía es incompleto, o por lo menos vacilante. Mi léxico aunque superior a la media de la gente de mi edad es bastante pobre. Me cuesta horrores evitar las expresiones trilladas. Tengo dudas eternas a la hora de situar puntos y comas.
Sirva este post como anticipada disculpa por las burradas que podáis encontrar de aquí en adelante.
También voy muy retrasado en las lecturas que uno debe hacer antes de morir. Hasta los dieciocho no empecé a leer verdaderos grandes libros. No que se me mandase en el instituto, con cierto nivel, nada excepto la primer parte de El Quijote y Los Santos Inocentes. Este último al leerlo a los quince años no me gustó por “triste”, lógico cuando uno esta acostumbrado a la tapa roja de El Barco de Vapor y a Arturo Pérez Reverte. Se rumorea que en otras latitutudes hay gente, no unos pocos adictos a la literatura, sino bastante gente que a esas edades lee a Dickens o a Hemingway o a Orwell.
Prefiero concentrarme en mi daño individual, y no pensar en el perjuicio que se le esta infligiendo al país, por no ponerme trágico. Solo diré que conocido a estudiantes de periodismo que cometen faltas graves. Los profesores se quejan de tienen que muchos llegan a la facultad ignorando reglas que deberían conocer desde la ESO. Sé de algún examen universitario de lengua española en el que se ha rebajado el aprobado por no suspender a casi todo el mundo. Y muchísima gente de esta generación morirá sin haber leído literatura de verdad, a pesar de haber aprobado el bachillerato, e incluso siendo poseedores de un título universitario.
Y hoy solo me apetece quejarme de las deficiencias en lengua y literatura.
El hecho de que la educación franquista tuviera mayor excelencia que la actual es suficiente, por sí solo, para cuestionar la calidad de esta democracia. No hay libertad sin conocimiento.
lunes, 21 de abril de 2008
Y se rieron, y se rieron... (Judy Garlan en Vencedores o Vencidos)
A veces me siento como Jorge de Burgos, el siniestro bibliotecario de El Nombre de la Rosa. No explicaré a que viene nombrar a este personaje porque le jodería el final de la novela o de la película a quien no lo conozca.
No niego que el humor es una de las fuentes de felicidad de que dispone el ser humano, la risa es manifiestamente beneficiosa para el cuerpo, pero me preocupa y me molesta el uso que se le da la mayoría de las veces.
Las sensaciones humorísticas siempre se construyen CONTRA ALGO, despreciándolo, haciendo ver que no es correcto, que no es como debería ser. Por tanto es destructivo.
Esta capacidad destructiva puede usarse para el bien o para el mal.
El humor ha tenido aplicaciones benignas en la crítica de sistemas políticos o la ridiculización de dogmas. Un ejemplo muy claro son las caricaturas de tiranos que se han hecho desde antiguo en Occidente, siendo El Gran Dictador de Chaplin la obra maestra de este, podríamos decir, género.
Pero el uso más común del humor es el de simple arma de agresión entre particulares. Los hombres se refocilan en la ridiculización de los atributos físicos o mentales de aquellos a los que consideran inferiores. Es una vía para reforzar su mezquina autoestima. En nuestra sociedad la más cara forma de humillación a los otros es la de índole sexual. Mientras que antiguamente se burlaban de aquellos que caían en el vicio carnal (bueno, ahora también, pero solo si son mujeres), actualmente se regodean en señalar a los que no gozan del sexo, o al menos de los que lo disfrutanan menos que el burlador.
Sin embargo el humor solo alcanza sus cotas de utilización más vil en determinadas circunstancias históricas: cuando se emplea para el vil linchamiento colectivo contra minorías, logrando que los hombres parezcan repugnantes monos de mandíbula batiente. Buscad las caricaturas que dibujaron los antisemitas acerca del caso Dreyfuss, echadle un vistazo a las basuras publicadas en Der Stürmer por Julius Streicher. Vereis la otra cara del humor.
No niego que el humor es una de las fuentes de felicidad de que dispone el ser humano, la risa es manifiestamente beneficiosa para el cuerpo, pero me preocupa y me molesta el uso que se le da la mayoría de las veces.
Las sensaciones humorísticas siempre se construyen CONTRA ALGO, despreciándolo, haciendo ver que no es correcto, que no es como debería ser. Por tanto es destructivo.
Esta capacidad destructiva puede usarse para el bien o para el mal.
El humor ha tenido aplicaciones benignas en la crítica de sistemas políticos o la ridiculización de dogmas. Un ejemplo muy claro son las caricaturas de tiranos que se han hecho desde antiguo en Occidente, siendo El Gran Dictador de Chaplin la obra maestra de este, podríamos decir, género.
Pero el uso más común del humor es el de simple arma de agresión entre particulares. Los hombres se refocilan en la ridiculización de los atributos físicos o mentales de aquellos a los que consideran inferiores. Es una vía para reforzar su mezquina autoestima. En nuestra sociedad la más cara forma de humillación a los otros es la de índole sexual. Mientras que antiguamente se burlaban de aquellos que caían en el vicio carnal (bueno, ahora también, pero solo si son mujeres), actualmente se regodean en señalar a los que no gozan del sexo, o al menos de los que lo disfrutanan menos que el burlador.
Sin embargo el humor solo alcanza sus cotas de utilización más vil en determinadas circunstancias históricas: cuando se emplea para el vil linchamiento colectivo contra minorías, logrando que los hombres parezcan repugnantes monos de mandíbula batiente. Buscad las caricaturas que dibujaron los antisemitas acerca del caso Dreyfuss, echadle un vistazo a las basuras publicadas en Der Stürmer por Julius Streicher. Vereis la otra cara del humor.
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