lunes, 23 de junio de 2008

Cosas chocantes

Me entero por el Inmundo de que una de las canciones del nuevo disco de la escultura/reina de Francia/cantante Carla Bruni tiene por letra un poema de Michel Houllebecq titulado como su última novela, La posibilidad de una isla.

Difícil concebir una persona menos capacitada que la italiana para comprender los planteamientos del autor galo. Bella hasta parecer artificial, rica desde el día en que nació, ex-modelo, ex–promiscua, amante de estrellas de diversos campos, de ideas progres encima…la vida la ha mantenido siempre alejada de las crudas realidades que Houllebeqc desvela en sus libros. No me la imagino leyendolos.

Quisiera saber de quien habrá salido la idea de utilizar el poema. ¿Conocera al escritor? No es imposible, es una de las personas más famosas de Francia. De ser así, ¿le propondría él usar sus versos?, y lo que es más importante, ¿Cuántas veces se masturbo Michell después de conocerla?

domingo, 22 de junio de 2008

Yo no soy demócrata

Se han hecho ingentes esfuerzos por convencernos de que la democracia social-liberal es el mejor de los gobiernos posibles, o como se suele decir, atribuyéndoselo a Winston Churchill, la forma de gobierno menos mala.

No puede existir duda de que estas democracias han sido mejores que los demás sistemas que se han implantado hasta ahora, empezando por el liberalismo más o menos autoritario, siguiendo por las dictaduras comunistas de corte soviético y por supuesto que los estados fascistas-racistas.

Durante bastante tiempo pensaba en la posibilidad de un socialismo democrático. Un día tengo que hablar de ello, ahora que se cumplen cuarenta años de la Primavera de Praga, ciudad que visitaré en breve. Ahora, después de años de reflexión ya no soy socialista, y tampoco soy demócrata. Ambas corrientes de pensamiento las he abandonado al constatar de forma empírica como es la masa del pueblo en realidad.

Hace un siglo se creía que la instrucción general podría redimir la oscuridad de los desfavorecidos hasta límites insospechados. La experiencia ha demostrado que esa premisa era falsa: no todos los que están abajo en la escala social han llegado allí por puro azar. Se puede enseñar a casi toda la población a leer y escribir, las cuatro reglas y a conocer la geografía de su país; pero no se puede lograr que una mayoría sea inteligente o culta. El estado natural de la humanidad parece ser la estupidez y para reducirla hay que librar arduas batallas. En este país con su pésima educación, la situación es dramática respecto a la mayor parte de Occidente.
No podemos permitir (Nosotros) que millones de cretinos tengan influencia sobre la economía, las leyes, la guerra o la paz. El sufragio universal es un error comprensible, pero un error.
No estoy abogando por el puño de hierro, ni tampoco por el gobierno de los filósofos, sino simplemente por ser selectivos, sin exagerar. a la hora de permitir a los ciudadanos participar en política.

Establezcamos una democracia censitaria, basada no en el dinero ni en la sangre, sino en la inteligencia demostrable. Hablo de tests para acceder a un carnet de votante, basados en conocimientos básicos y tan neutrales como sea posible de historia, política, economía y geografía. Un saber mínimo que en realidad apelaría más al esfuerzo y al interés que al intelecto. Y para la capa amplia de ciudadanos capaces la máxima capacidad de decisión, referendos a tutiplén facilitados por las nuevas tecnologías.

El gran Aristóteles ya marco el camino. Politeia frente a Demagogia.

martes, 10 de junio de 2008

Todas Putas

No es que esté realmente de acuerdo con esta castiza afirmación, dogma de fé para gran parte de la población masculina nacional, pero me ha sorprendido cuanto me he acercado a ello con el paso del tiempo en lugar de alejarme.

Cuando aún no conocía a las mujeres, hará unos ocho o nueve años, yo era profundamente feminista. Racionalmente era consciente de cómo la mujer había sido tratada como un ser inferior siglo tras siglo por el género masculino. Eran víctimas. Más que eso, las mujeres eran para mí la reserva de ternura de la humanidad frente a la brutalidad innata de los hombres. Hoy sigo creyendo que las mujeres han sido oprimidas por los hombres. Pero como demuestra la historia, ser o haber sido víctima no imposibilita a nadie para ser verdugo.

Durante un tiempo califiqué mi nueva percepción hacia las mujeres como misoginia, luego conocí el verdadero significado de ese término y me di cuento de que lo que yo pensaba se definía mejor como machismo, aunque también hay elementos misóginos. Yo odiaba a muerte el machismo. Con catorce o quince años me indignaba con los gañanes quinquilleros (redundancia) que veía en programas tipo El Diario de Patricia.

Objetivamente las mujeres son tan inteligentes como los hombres. Son capaces de realizar las tareas más complicadas, cosa que he comprobado personalmente, y hay mujeres cuyo genio admiro, por poner un ejemplo, Margarite Yourcenar, con su magnífica Memorias de Adriano. Es en el plano personal, ampliamente entendido, donde creo que fallan.

Por la razón que sea su comportamiento en las relaciones sentimentales es eternamente infantil. Un hombre siempre sabe si una mujer le gusta o no, si le atrae o no, si la ama o no. Las mujeres mandan señales, señales que por cierto siempre hay que adivinar, y si no lo haces eres un lento y un torpe, para luego muchas veces arrepentirse, sin darse cuenta del daño que hacen cuando dejan las cosas a medias. No hablo solo del plano sexual, aunque el calientapollismo debería estar castigado con cárcel. En las relaciones estables suelen volverse muy posesivas, o sentirse infelices por no ser complacidas del todo. El miembro masculino de la pareja queda indefenso ante sus dos métodos de chantaje, el recurso al lloro y la privación de sexo.

Están vacías. Cuando hablo con una mujer jamás encuentro inquietudes que podamos compartir, las conversaciones giran en torno a tres o cuatro temas frívolos. De lo más serio que llegan a hablar es de su trabajo o de sus estudios. Me siento forzado, muchas veces me quedo callado sin saber que decir porque los temas ya me parecen resobaos. Eso también me pasa mucho con los hombres, pero al menos no con todos los hombres. Las pocas veces que una mujer ha entrado en algo elevado la decepción ha sido de campeonato. Siempre ha acabado en una muy peculiar interpretación del asunto, que de forma inexplicable ha acabado relacionado con su objeto de reflexión favorito: YO

Yo, yo y mis amigas, mi hermana y yo, yo, mi padre y yo, mi abuelo y yo...

Esto nos lleva a un concepto de moda, el llamado pagafantas. Dícese del ser bombardeado por neuras de la mujer que corresponde tanta paciencia tratándolo como un ser asexuado. Claro, que lo que no se dice es que si llevamos esta figura hasta sus últimas consecuencias, la conclusión es que la presencia de las mujeres no es deseable si no conlleva una recompensa sexual. Tristemente no puedo dejar de estar de acuerdo.

Se suele argumentar que los hombres solo se fijan en el físico. Cierto, solo que las mujeres también lo hacen, son mucho más exigentes, y encima buscan coartadas para explicar su atracción. Quizá sea culpa de las películas de Disney, donde le mismo tiempo que la princesa y el príncipe eran invariablemente guapos se decía verbalmente que la belleza esta en el interior. El desprecio fascistoide que muestran hacia los que son físicamente inferiores es patente, aunque en esto hay que reconocer que los hombres no van a la zaga.

Ya es un tópico la preferencia de las mujeres por chulos, macarras y demás unterschemen.
Es una exageración, pero por termino medio observamos que es más exitoso el lumpen que el estudiante de informática gafudo y buenazo (¿por qué será que asociamos “inocencia” con falta de agresividad sexual?) a menos que este último salga ganando en la comparación física. Curiosamente quieren a los “chicos malos”, para cambiarlos, fijate tú. Aunque si de vez en cuando se meten en una pelea por ellas, tampoco se quejan. En resumen: en general funciona mejor la agresividad y los malos modos que la amabilidad con las mujeres.

También es cierto, aunque sea otro tópico (que como todos los tópicos tiene una parte de verdad), que las mujeres son inigualables haciéndose daño entre ellas, solo que en daño psicológico y no físico (normalmente). Entre otras cosas, acusándose mutuamente de putas. Evitar este estigma es fundamental para ellas, les va la vida. El sexo sigue siendo algo malo por ellas, a pesar de la muy pretendida liberación. Hay que seguir engañándolas para que lo practiquen, la diferencia con el pasado, es que ahora es más fácil que antaño. Para hacerlo, sobre todo la primera vez en una relación, tienen que entrar en un estado ridículo de sobrexcitación provocado por una situación pretendidamente romántica, o ser presas de nuestro aliado el alcohol, o rendirse ante una belleza física superior. Caídas las barreras de la hipocresía es difícil no sentir un poco de asco ante la puta que emerge, cuando aún se recuerdan las exhibiciones previas de mojigatería. Con dificultad la función de la belleza puede ser sustituida por otro atributo, pero tiene que ser bastante sobresaliente o nanay.

Resentido, me dirás señalándome con el dedo. No lo niego. También los judíos le guardan resentimiento a Adolf Hitler.

Sí, como indica el título de este blog, han sido las novelas de Michel Houllebecq las que me han ayudado a concretar estas ideas, pero debo decir que cuando las leía simplemente tenía la impresión de reencontrarme con cosas que pensaba desde hacía tiempo pero que no había sabido verbalizar. Por eso me gustan tanto.

Claro que si todas son unas putas, todos somos unos hijos de puta, pero esa es otra historia...