Deberíamos unirnos, fundar una organización de afectados, e ir a demandar al estado en los tribunales. Tendría que gastarse el superávit para indemnizarnos a todos. Lástima que no ocurrirá, dado que a la mayoría de víctimas les da igual. No exagero en absoluto: nos han privado de nuestro derecho constitucional a la educación, no negándonosla por completo, sino quizá peor, dándonos una educación degradada.
Por culpa de esos incompetentes cometo errores ridículos al escribir. Mi conocimiento de la sintaxis y de la ortografía es incompleto, o por lo menos vacilante. Mi léxico aunque superior a la media de la gente de mi edad es bastante pobre. Me cuesta horrores evitar las expresiones trilladas. Tengo dudas eternas a la hora de situar puntos y comas.
Sirva este post como anticipada disculpa por las burradas que podáis encontrar de aquí en adelante.
También voy muy retrasado en las lecturas que uno debe hacer antes de morir. Hasta los dieciocho no empecé a leer verdaderos grandes libros. No que se me mandase en el instituto, con cierto nivel, nada excepto la primer parte de El Quijote y Los Santos Inocentes. Este último al leerlo a los quince años no me gustó por “triste”, lógico cuando uno esta acostumbrado a la tapa roja de El Barco de Vapor y a Arturo Pérez Reverte. Se rumorea que en otras latitutudes hay gente, no unos pocos adictos a la literatura, sino bastante gente que a esas edades lee a Dickens o a Hemingway o a Orwell.
Prefiero concentrarme en mi daño individual, y no pensar en el perjuicio que se le esta infligiendo al país, por no ponerme trágico. Solo diré que conocido a estudiantes de periodismo que cometen faltas graves. Los profesores se quejan de tienen que muchos llegan a la facultad ignorando reglas que deberían conocer desde la ESO. Sé de algún examen universitario de lengua española en el que se ha rebajado el aprobado por no suspender a casi todo el mundo. Y muchísima gente de esta generación morirá sin haber leído literatura de verdad, a pesar de haber aprobado el bachillerato, e incluso siendo poseedores de un título universitario.
Y hoy solo me apetece quejarme de las deficiencias en lengua y literatura.
El hecho de que la educación franquista tuviera mayor excelencia que la actual es suficiente, por sí solo, para cuestionar la calidad de esta democracia. No hay libertad sin conocimiento.
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