sábado, 8 de diciembre de 2007

En la era Post-Orwell

Vine al mundo en el anno domini 1984. Ergo he vivido 23 años. Me gusta la cifra del año de mi nacimiento, porque el cuatro es mi número favorito.

En 1984 Truman Capote murió, al igual que Julio Cortázar. Se estrenó Terminator de James Cameron. En la India, en un lugar llamado Bophal, una planta química tuvo un escape tóxico que mató a 8.000 personas. Bruce Springteen grabó Born in the USA, y Red Hot Chilli Peppers lanzó un disco llamado igual que la banda. En España medio millón de ciudadanos se manifestaron en contra de la reconversión industrial y hubo cuarenta y dos asesinados por grupos terroristas de toda laya, aunque la indiscutible primacía perteneció a ETA. Fue publicada La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera. Ronald Reagan dijo por error ante un micrófono: “Compatriotas americanos, me alegra decirles que hoy he firmado una ley que ilegalizará a Rusia para siempre. Empezamos a bombardear en cinco minutos". Por su parte la URSS tuvo tiempo de padecer a tres presidentes del Presidium del Soviet Supremo distintos. Fue un año bisiesto.

Es bien sabido que varias décadas antes un inglés bastante extravagante, conocido como George Orwell, escribió un libro que llevaba por título un año futuro, 1984. En él imaginaba un porvenir nada agradable para la humanidad: el mundo estaría repartido entre varios estados totalitarios, permanentemente en guerra entre ellos, que mantendrían a sus pueblos en una controlada situación de miseria, y que controlarían las vidas de los individuos hasta el último detalle gracias a una omnipresente red de cámaras de video. Con el fin de perpetuar su poder, los grupos en el poder recurren así mismo a la manipulación radical de la historia y del mismo lenguaje. En semejante contexto los seres humanos ven su personalidad aplastada y los sentimientos se convierten en algo extraño. En realidad es más una novela política que genuinamente futurista, su principal objetivo es advertir sobre las consecuencias de la tiranía de Stalin, lo que no le impide contener algunas intuiciones geniales. Sin embargó en está época observamos que casi nada de lo que presagió Orwell ha llegado a suceder (¿se puede decir que tuvo éxito su aviso?).

El capitalismo ha derrotado (al menos para una larga temporada) al comunismo, logrando en la última década y media un estado de expansión y liberalización de los mercados desconocido en la historia. Mientras una parte de la humanidad se ve agobiada por el exceso de consumo, otra más grande sufre privaciones cuando no pura y simplemente se muere de hambre (hay quién dice que la segunda situación es consecuencia de la primera, otros lo niegan, yo no lo sé, sinceramente). La porción privilegiada goza de niveles de libertad y bienestar superiores a los de cualquier otra generación anterior, sin embargo existe en el mundo rico una ingente cantidad de personas afectadas de depresión, ansiedad o estrés. La mujer se ha emancipado respecto al hombre, aunque no del todo, y aún encuentra dificultades para definir su nuevo rol en la sociedad. Dicha emancipación ha traído como consecuencia la liberación sexual, que permite una mejor satisfacción de los deseos, pero al mismo tiempo ha causado una competencia feroz. El consumo de drogas se ha vuelto masivo por primera vez (Un Mundo Feliz parece estar dando muchísimo más en el clavo que 1984). Después de un siglo en el que la velocidad del progreso tecnológico del hombre se aceleró de forma exponencial, parecemos haber llegado a un punto culminante con la informática, que posibilita que la gente acceda a un caudal de información seguramente excesivo. Por lo demás hay guerras y los poderosos escriben la historia para su beneficio... pero no más que durante el resto de la historia.

Orwell parece haber acertado parcialmente en una sola cosa, el hecho de que los estados utilizan de forma creciente los medios tecnológicos para vigilar a los ciudadanos. La tendencia se ha agudizado en Estados Unidos a raíz del 11-S, con la promulgación de la Patriot Act, un vil atentado a los derechos civiles. Es muy probable que el resto de gobiernos de Occidente acaben imitando al amigo americano. Incluso se puede constatar que empieza a haber no pocas cámaras en los espacios públicos.

Muerta o gravemente paralizada la carrera espacial, el horizonte del ser humano parece estar en la modificación de sí mismo: las miradas están puestas en el desarrollo de la clonación y las aplicaciones que pueda tener el descifrado del genoma humano. Otra cosa, que a veces se nos olvida, es que seguimos teniendo, gracias al poder del átomo, la posibilidad de extinguir a nuestra propia especie junto con el resto de la vida conocida en un tiempo muy breve. Entretanto el ecosistema planetario se va deteriorando, aunque hay quien dice que el daño no es para tanto...

Y en este medio he de vivir yo...


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